Esta es una de las grandes preguntas que se hace una persona cuando recibe del médico la gran noticia. De repente sienten que su mundo ha cambiado, que no es la misma persona, que su vida va a tener limitaciones y que desde ese momento en adelante no podrá comportarse de la misma manera.

El temor a no poder llevar a cabo las indicaciones del médico, el no saber bien hacia donde ir, que cuidados y tratamientos debe comenzar se convierte en un cúmulo de ideas que genera incertidumbre y por tanto ansiedad en muchos casos.

 

El momento de la verdad

 

Vamos a centrarnos en este artículo en la diabetes cuando se trata de una persona mayor y en los sentimientos de la persona cuando se le informa de su nuevo estado. Estos casos difieren cuando se trata de un niño, puesto que el modo en que cada uno lo vive es distinto, y esa diferencia la marca el hecho de que al ser adultos y llegados a edad avanzada, la inseguridad, la costumbre, la rutina, todo el mundo que había construido hasta ese momento se mueve en su interior y parece derrumbarse. Pero este hecho debe precisamente servir para transformarlo todo de manera positiva y salir adelante de la mejor manera posible.

 

Desde el momento en que el paciente recibe la noticia su mundo comienza a girar en torno a ello. Preguntas que antes eran fácilmente respondidas ahora son un dilema: ¿Qué podré desayunar?, ¿estaré cenando bien?, ¿ haré ejercicio suficiente?, ¿y si me viene una subida y no me doy cuenta, que consecuencias tendré?

 

En principio será el profesional médico quien asesore al diabético, puesto que casa cual desarrolla esta enfermedad de un modo distinto. El tratamiento a seguir estará indicado por él y no debe tomarse por su cuenta la administración de los medicamentos que le receten. Dicho esto una parte decisiva en la buena salud de un diabético y todas las personas en general, es la forma en que nos alimentamos y cuidamos nuestro cuerpo.

 

No se debe optar por un cambio radical

 

A menos que se trate de casos especiales, infantiles, obesidad o cualquier otra variante que complique la diabetes en sí misma, hablamos de manera generalizada. Una persona que la sufre sin más complicaciones no debería realizar un cambio en su alimentación que no sea el de cuidarla como debería hacerlo cualquiera que no la tuviera. Esto significa que la mejor dieta de un diabético es la que está bien equilibrada, pero hay que tener en cuenta que este consejo sirve para todos los demás.

 

Se dice que no deben comer dulces o azúcar, obviamente esto es así, pero nadie debe abusar tampoco de una alimentación basada en muchas calorías. Logicamente quienes no tengan este problema no debe tener cuidado cuando se come un bollo, o una magdalena de crema, pero tampoco está haciendo algo bueno para su salud con este gesto.

 

Es importante que el diabético no gire en torno a la comida, que se plantee sus limitaciones como un problema, sino que piense en todo lo que sí puede comer y que todos deberían hacer estén en su circunstancia o no.

 

Una de los detalles que hay que tener en cuenta y que es especialmente importante es el hacer ejercicio. Esto ejerce una función de equilibrio y hace que junto a la alimentación se lleve una vida sana. En definitiva la noticia no tiene porque ser terrible, sencillamente tendríamos que tomarlo como un toque de atención para mejorar nuestras costumbres. Una vez pasado el proceso de adaptación el paciente podrá comprobar que lo que en principio era una montaña se ha convertido en solo un escalón que irá sorteando poco a poco y con la ayuda de los suyos. Es normal sentirse algo nervioso, inseguro y desconcertado, sobre todo porque desde casi el inicio comienza a llegarle información por todas partes y uno no sabe que decisión tomar. Un extraño viaje que a pesar de contar con muchos caminos tiene un solo objetivo: Sentirse bien.

 

Mercedes Hidalgo

 

 

 

 

 

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